Visiones

Qué tanto puede contar un persona que ha vivido sobre la tierra desde 1985?? Muchos podrían suponer que muy poco, pero existimos algunas excepciones que rompemos esa regla. Hi. My name is Marissa and this is me...

Nota

Muchas de las imágenes de este Blog fueron tomadas de internet y pertenecen a sus respectivos dueños, a excepción de mis fotos personales... No tengo intención de hacerme pasar por dueña de lo que no es mío, ni violar ninguna ley de copyright... Si desean que retire alguna imagen suya, háganmelo saber y lo haré con gusto... Disfruten mi Blog...
Marissa_Inmortal
Mostrando las entradas con la etiqueta historias. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 22 de julio de 2015

Una experiencia ATERRADORA...



Uno de mis tíos siempre platicaba que, una noche cuando era joven (puede que en los años 60), al salir tarde de su trabajo en el centro de Guadalajara, iba caminando a su casa por que era cerca de la media noche y no traía para un taxi. Por su ruta tenía que pasar por afuera de un cementerio muy viejo que hay en el centro (el panteón de belén), y cuando iba caminando por ahi, tarareando alguna canción, escuchó un chillido muy agudo que le puso los pelos de punta. Al principio pensó que debió de ser un gato, y siguió caminando, pero cuando ese chillido se repitió, ahora siendo más fuerte y duradero, se dio cuenta de que era una persona, y se escuchó atrás de él. Empezó a caminar más deprisa, sin querer voltear hacia atrás, pero esa calle es muy larga (los que conocen Guadalajara lo saben), y a cada momento sentía una mirada sobre su nuca, y tenía la certeza de que esa "persona" o lo que fuera, estaba cada vez más cerca. Estaba justo por llegar a la esquina, cuando la curiosidad pudo más y volteó la cabeza, reduciendo el ritmo. Cuando contaba esto siempre le temblaba la voz y sudaba, siempre dijo que fue uno de los momentos de su vida en que más miedo pasó. 
Dijo que, como a 20 metros de él, venía una figura femenina, vestida de blanco con telas vaporosas, pasadas de época. tenía el cabello largo y suelto hasta las caderas, semioculto por un velo blanco aún más largo. Dijo que parecía como si flotara sobre el suelo, no daba la impresión de caminar. Pero lo que más lo asustó, lo que lo hizo casi salir corriendo, fue que esta cosa volvió a chillar de nuevo, y al hacerlo, vio su cara, y ésta era solo jirones, nada que tuviera sentido, era solo una mancha borrosa y deforme, en la que se abría un agujero de donde podía escuchar el grito, más fuerte que nunca, y que dejó de ser un grito para tomar la forma de un lamento.

Aaaaaaaayyyyyyyyyyyy

Mi tío contaba que no volvió la cabeza nuevamente, ni aflojó el paso sino hasta que se encontró al menos 15 cuadras lejos de ahi,por miedo a ver eso de nuevo. Decía que el miedo que pasó fue tan grande, que hasta diarrea tuvo por dos días seguidos, reportándose enfermo en su trabajo y rehusándose a hablar del tema. Duró años sin mencionarlo, y más años aún en pasar de nuevo por esa calle, y jamás lo hizo de nuevo en la noche. 

Mi tío murió hace ya muchos años, pero no dudo que ese momento lo haya recordado hasta sus últimos días.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Mary Shelley y el Origen de Frankenstein...


En el verano de 1816 visitamos Suiza y fuimos vecinos de Lord Byron. Al comienzo, pasábamos las horas en el lago o caminando por sus playas.

Pero fue un verano muy húmedo y la lluvia incesante impedía durante días salir de la casa. Algunos volúmenes de historias de fantasmas traducidas del alemán al francés cayeron en nuestras manos.

Un día dijo Lord Byron: "Cada uno de nosotros va a escribir una historia de fantasmas", y todos aceptamos su propuesta.

Por mi parte, yo me puse a pensar en una historia que pudiera rivalizar con aquellas que nos habían incitado a emprender este desafío. Una historia que tocara los miedos ocultos de nuestra naturaleza y que despertara un horror espeluznante, que hiciera que el lector temiera apartar su vista de la página un instante para mirar alrededor, que le congelara la sangre y que acelerara los latidos de su corazón. Si no cumplía con estos requisitos, mi historia de fantasmas no sería merecedora de tal nombre. Pensé y reflexioné durante horas, pero todo era en vano. Sentía aquella incapacidad de invención que es la mayor desgracia de los creadores, cuando la insípida Nada responde a nuestras ansiosas invocaciones. Cada mañana me preguntaban si había pensado en una historia, y cada mañana me veía forzada a responder con una mortificante negativa.

(...) Por su parte, en aquellos días, Lord Byron y Shelley mantuvieron muchas y largas conversaciones, de las que yo era un testigo devoto, aunque casi siempre silencioso. En una de ellas, los interlocutores dialogaron acerca de varias doctrinas filosóficas, y se discutió sobre la naturaleza del principio de la vida, y sobre si existía alguna posibilidad de que fuera descubierto y transmitido. Hablaron de los experimentos del Dr. Darwin [abuelo del naturalista Charles Darwin, teórico de la evolución de las especies] (...) Tal vez un cadáver pudiera ser vuelto a la vida; en todo caso, los desarrollos del galvanismo habían dado algun indicio para pensar en ello. Quizás las diferentes partes de una criatura podrían ser fabricadas, armadas , y dotadas del hálito vital.
Recuerdo que después de una de estas veladas y cuando había pasado ya la hora de las brujas, nos retiramos a descansar. Al apoyar la cabeza en la almohada, no me pude dormir, ni tampoco podría decir que pensaba. Era mi imaginación espontánea la que me poseía y me guiaba, dotando a las sucesivas imágenes que surgían en mi mente de una nitidez inusual en las ensoñaciones. Vi —con los ojos cerrados, pero con una aguda visión mental— al pálido estudiante de artes profanas arrodillado junto al ente que había armado. Vi la espantosa figura de un hombre yaciendo inerte y que, poco después, con la ayuda de una poderosa máquina daba señales de vida y comenzaba a moverse con dificultad.

La idea se me ocurrió con la rapidez de la luz: "¡Por fin lo encontré! Lo que me hizo morir de miedo seguramente hará de morir de miedo a otros, ¡solamente necesito describir el espectro que acechó mi almohada!".

A la mañana siguiente pude anunciar que tenía una historia.

viernes, 11 de marzo de 2011

Hablemos de Amigos... Mirsha!

Si, si... recuerdo perfectamente que había quedado hace un tiempo de hablarles de él...  


A Mirsha lo conocí en la escuela secundaria, allá por 1998... estaba yo en segundo grado, me juntaba con el grupo de las "feas" del salón, ya que yo era la "gorda" del salón... Entonces, podría decirse que no éramos muy populares, jajaja... Pero vean como terminamos.... :D  Bueeeno, de Alfonsina no he sabido nada realmente, pero seguro está muy bien.

De derecha a Izquierda: Delia, Alejandra, Sonia, Yo y Alfonsina: LAS FEAS DEL "F"!!


Total, ni quien nos pelara, y siempre estábamos juntos en los recesos.
En uno de tantos, estábamos caminando cerca del taller de mecanografía cuando un chico casi me cae encima al estar haciendo piruetas y vueltas tipo gimnasia olímpica. Chocó conmigo, y casi me da en la cabeza, pero se alcanzó a detener. Tenía un grupo de tres o cuatro chicos y mínimo dos chicas a su alrededor, animando sus piruetas.
Yo me quedé en blanco, más por la sorpresa de casi ser arrollada que por los animadores que traía este chico, y la verdad es que no pude decir nada, y sentí como me puse roja como un tomate...
El solo me dedicó una enoorme sonrisa y me dijo "Perdón", y se alejó corriendo con sus compinches.


Esa fué la primera vez que lo ví, y no fue la unica. En esa ocasión lo unico que me provocó fue risa y una verguenza enorme, pues mis amigas se la pasaron burlándose de mi por semanas...
A partir de ahi lo empecé a notar, de aqui para allá, siempre en compañía de mucha gente, en donde nunca podía faltar un chico de cabello rojizo y cara de bebé (jajaja, saludos, Arturo!!). Y siempre estaba haciendo tonterías, o loqueras que llamaban la atención de todo el mundo:
Cuando había eventos en el Auditorio, y todo el mundo estaba en silencio y sentaditos quietos, lo veías pasar corriendo a toda velocidad derechito al baño, provocando la risa de sus compañeros de grupo, y haciendo que todo el mundo se distrajera.
En los recesos no era raro verlo gritando y haciendo escándalo cerca de la cancha de Basquetbol.
Cuando de repente me encontraba en clase, tomando dictado, o algo así, y se escuchaban sus gritos a todo volumen, diciendo las cosas más disparatadas...


Y la verdad es que todo el mundo actuaba como si ya se hubieran acostumbrado a ese tipo de loqueras, o animándolo a que hiciera más, como si fuera el Payaso de la Escuela...


Pero a mi me caía mal... terriblemente mal... me parecía algo estúpido el tener que llamar la atención de todo el mundo para estar felíz... Me parecía que debía de tener serios problemas emocionales al necesitar tal atención y aprobación del mundo.


Pero pronto me daría cuenta de que las apariencias engañan... y mucho.


A mi hermano lo invitaron a los XV años de una niña que le gustaba en la escuela, y mi madre me obligó a ir con él para "cuidarlo" (jajaja, pero la que necesitó cuidados fuí yo, jajaja ya verán por que), y mi hermano estaba así o más molesto, porque en ese entonces todavía era algo así como "su hermana la enfadosa", entonces no le interesaba para nada que yo me encontrara ahi arruinándole su velada de conquista...
Total que en cuanto llegamos, el se fue por su lado, dejándome sola en una mesa. Y ahi me quedé por un buen rato, pues no conocía a nadie, y me sentía como una ostra. Pero a eso de las 10 de la noche, llegaron un montón de chicos de la escuela a los que yo sí conocía, ya que una de mis amigas freak, Sonia, estaba enamorada de uno de ellos. Entonces un par de ellos se sentaron en mi mesa, y hablaron conmigo un par de minutos... para después de eso marcharse a otras mesas... Jajajaja, eso me pasa por ser impopular, jajaja...
Pues total, como diez minutos después de eso, escuché un montón de ruido proveniente de la entrada del salón, y cuando volteo para allá, veo que va entrando este muchacho, acompañado de sus seguidores, cinco o seis de ellos, haciendo gran alboroto, como si entrara el animador de la fiesta... Yo lo ví como volteaba a verme (imagino que fue porque estaba sola en la mesa más alejada de la pista de baile), y de inmediato dirigí la mirada hacia la pista de baile, y puse mi cara de "no te me acerques, que estoy de malas"... Pero de reojo vi que se acercaba. "Maldita sea", pensaba yo, "tantas malditas mesas que hay, y tanta gente que él conoce aqui, y viene solo hacia mi..."
Jajajaja, recuerdo que llegó hasta mi mesa, y acercó una silla a mi, si acaso a un metro de mi. Se sentó, y me vió de una forma muy obvia de que me estaba examinando.


- Hola! - Me saludó, super alegre - Cómo estás?


Yo me hice la que no escuché, y demoré medio minuto en voltear a verlo.


- Ahh, me hablas a mi? Perdón, es que estoy molesta por que acaba de entrar alguien que me cae muy mal - Le contesté asi o más mamila.
- Ohh - Dijo él sin inmutarse para nada - pues dime quién es, y yo lo golpeo...


Esto ultimo me lo dijo con cara de niño malo, y me pareció tan tierno y agradable, que giré la silla hacia él, y le dediqué toda mi atención.
Platicamos como si tuviéramos toda una vida de conocernos, como si él supiera mis más oscuros secretos, y como si adivinara mis deseos... fué una conexion extraña, pero bastante gratificante... Creo que ha sido una de las ocasiones en que más felíz me he sentido de equivocarme acerca de alguien... En verdad que las apariencias engañan demasiado, eh?


Pues bueno, estuvimos bebiendo algunas copas (creo que era tequila, o cerveza, no recuerdo francamente, pero de cualquier forma hubiera estado mal, ya que yo no tenia aun ni los 14 años...), y después de cierto tiempo me sentía yo bastante mareada ya.
Y cuando me sentí así, de repente se escuchó en el local el inicio de la canción "Payaso de Rodeo", de un grupo llamado Caballo Dorado, que tuvo un par de hits en los 90´s...
El se volvió loco, gritó que esa canción le encantaba, y me tomó de la mano, arrastrándome (casi literalmente) a la pista de baile, y bailamos esa y un par de canciones más.
Después regresamos a nuestra mesa, agotados y sudorosos, y me dijo que iría a conseguir algo de botana. Yo me quedé sola en la mesa, y ahi se encontraba uno de los chicos que yo conocía. Jacinto, era su nombre, si no me equivoco... Y andaba jugando sobre la mesa con un montón de palillos, apilándolos en forma de pirámide. Cuando vio que me quedé sola, me preguntó que si me quería "sentir bien".
Le contesté que ya me sentía bien, pero que a qué se refería...
Me dijo que tenía unas pastillas que me harían sentir muy bien, que si quería probarlas. Le pregunté que si era droga, y el me dijo "No es droga... son PINGAS"...
Por supuesto que era droga... pero me valió. Me encontraba tan contenta, tan fuera de mi rutina, tan emocionada, que acepté, y tomé las dos pastillas que este chico me ofrecía...
Mi "compañero de baile" regresó, y seguimos bebiendo, como si nada hubiera pasado... jajaja, pero después de un rato fué cuando me comencé a alterar, e hice una de las cosas más locas de mi vida... no entraré en detalles, creo que los lectores que me han seguido desde mis primeras entradas sabrán a que me refiero, y a los que no... jajaja, esperen la publicación de mi libro ;)


Pues bueno, ahi conocí a Mirsha...


A partir de ese momento fue que comenzó mi tormentosa historia con él, ya que unos días después de eso nos volvimos inseparables, y un par de semanas después ya éramos novios, y me convertí en "la novia de Mirsha", dándome a conocer públicamente en la escuela, saliendo un poco de mi clan de loosers, y cualquier cosa que hacía se convertía del dominio público.
Cosa que al principio me molestaba, pero debo admitir que después me empezó a agradar...

Jajajaja, este es un trozo de papel que él me dió, con la letra de "Personal Jesus", la cual yo no conocía en ese momento, pero él me hizo creer que era de SU autoría, jajajajaja...


Mirsha siempre fue muy lindo conmigo, me trataba muy bien, y me hacía sentir especial... pero jamás tenía tiempo para mi... él decía que estaba mal que las mujeres quisiéramos que los hombres nos sacaran a pasear, y que exigiéramos estar con nosotras toodo el tiempo...
Cosa que no aplicaba conmigo, pues durante el tiempo de secundaria no salimos ni una sola vez...
El se la pasaba ya fuera con sus amigos, o con sus hermanos o trabajando en el negocio de su papá, y solo podíamos vernos durante horas de escuela, o algunas veces que me llevaba a mi casa en su Chevy viejo y destartalado.


Pero poco tiempo después de que empezamos a "andar" (porque según él, jamás fuimos novios) me dijo que yo le estaba quitando tiempo de andar con sus amigos y su familia, y me terminó vilmente en las escaleras de la escuela.
Así fue como regresé de nuevo a mi anonimato.


Pero más o menos un año después me lo volví a encontrar (pues él había salido de la escuela un año antes que yo). Yo me encontraba ya embarazada, pero el se enteró hasta cuando tenía más o menos 4 meses, que aun no se me notaba tanto. Empezamos (ahora si) a salir, y duramos unos cuantos meses... hasta que entré al CBTis, y la cosa no funcionó como hubiéramos querido.... Y terminamos de una forma civilizada, pero por alguna razón dejamos de hablarnos...



Hasta que sucedió lo más extraño, ya que Roxana un buen dia de segundo o tercer semestre en la escuela de repente me dice que habia conocido a un chavo llamado Mirsha... que muy buena onda, y que si mucha vibra y que si no se que... y yo asi de    O_o   y  cuando supo que él habia sido mi ex y toda la historia tormentosa, me "pidió permiso" para andar con él!! jajaja como si lo necesitara!!! si era extraño pensar en ellos dos juntos, pero para NAAADA me molestaba...
Con el tiempo resultó que hasta estudiaron juntos en el CETi, y ahora el es un gran fregón el Robótica o algo asi... la relación con Rox no prosperó demasiado, o al menos yo no me enteré de nada relevante, pero si asi hubiera sido... ENHORABUENA!!!
He llegado a tener muy poca comunicación con el en los últimos años, creo que la ultima vez que cambiamos palabras fue cuando mi abuelita falleció, pero tenemos contacto a traves del Face... pero nada del otro mundo...

De cualquier forma, guardo de el muchos buenos recuerdos, y la verdad es que la secundaria no habría sido lo mismo si el no hubiera estado ahi...
Es una hermosa forma de recordarlo, y agradezco que haya formado parte de mi adolescencia.
Suerte en lo que hagas de tu vida, amiguito!!! XD

viernes, 30 de octubre de 2009

De nuevo Halloween! El Corazón Delator...


Por motivo de Halloween, me dedico a poner una historia de fantasmas, este año me apetece publicarles una maravillosa lectura del Maestro de Maestros: Edgar Allan Poe.

El Corazón Delator

¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.

Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.

Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.

Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.

Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:

-¿Quién está ahí?

Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.

Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: "No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.

Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.

Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.

Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.

¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.

Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez... nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.

Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.

Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar... ninguna mancha... ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo... ¡ja, ja!

Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?

Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.

Sonreí, pues... ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.

Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara... hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.

Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!

-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí!¡Donde está latiendo su horrible corazón!


miércoles, 1 de julio de 2009

La Suegra y la Nuera



Hace mucho tiempo, una joven China llamada Lee se casó y fue a vivir con el marido y la suegra. Después de algunos días, no se entendía con ella. Sus personalidades eran muy diferentes y Lee fue irritándose con los hábitos de la suegra, que frecuentemente la criticaba. Los meses pasaron y Lee y su suegra cada vez discutían más y peleaban.

De acuerdo con una antigua tradición china, la nuera tiene que cuidar a la suegra y obedecerla en todo. Lee, no soportando más vivir con la suegra, decidió tomar una decisión y visitar a un amigo de su padre.
Después de oírla, él tomó un paquete de hierbas y le dijo: "No deberás usarlas de una sola vez para liberarte de tu suegra, porque ello causaría sospechas".

Debes darle varias hierbas que irán lentamente envenenando a tu suegra. Cada dos días pondrás un poco de estas hierbas en su comida. Ahora, para tener certeza de que cuando ella muera nadie sospechará de ti, deberás tener mucho cuidado y actuar de manera muy amigable. No discutas, ayúdala a resolver sus problemas. Recuerda, tienes que escucharme y seguir todas mis instrucciones" .

Lee respondió: "Si, Sr. Huang, haré todo lo que usted me pida". Lee quedó muy contenta, agradeció al Sr. Huang, y volvió muy apurada para comenzar el proyecto de asesinar a su suegra. Pasaron las semanas y cada dos días, Lee servía una comida especialmente tratada a su suegra. Siempre recordaba lo que el Sr. Huang le había recomendado sobre evitar sospechas, y así controló su temperamento, obedecía a la suegra y la trataba como si fuese su propia madre.

Después de seis meses, la casa entera estaba completamente cambiada. Lee había controlado su temperamento y casi nunca aborrecía a su suegra. En esos meses, no había tenido ni una discusión con ella, que ahora parecía mucho más amable y mas fácil de lidiar con ella. Las actitudes de la suegra también cambiaron y ambas pasaron a tratarse como madre e hija.

Un día Lee fue nuevamente donde el Sr. Huang, para pedirle ayuda y le dijo: "Querido Sr. Huang, por favor ayúdeme a evitar que el veneno mate a mi suegra. Ella se ha transformado en una mujer agradable y la amo como si fuese mi madre. No quiero que ella muera por causa del veneno que le di".

El Sr. Huang sonrió y señaló con la cabeza: "Sra. Lee, no tiene por que preocuparse. Su suegra no ha cambiado, la que cambió fue usted. Las hierbas que le di, eran vitaminas para mejorar su salud. El veneno estaba en su mente, en su actitud, pero fue echado fuera y sustituido por el amor que pasaste a darle a ella".

En la China existe un adagio que dice: "La persona que ama a los otros, también será amada". La mayor parte de las veces recibiremos de las otras personas lo que les damos y por eso ten cuidado!!!

Acuérdate siempre: "El plantar es opcional, pero la cosecha es obligatoria, por eso ten cuidado con lo que plantas"